¿Quién no se ha sentido culpable cuando, al estar viendo la televisión o quedando con amigos, le viene a la mente que un montón de folios esperan encima del escritorio?

Puede suceder también al contrario: estamos sentados delante de los folios y nos damos cuenta de que hemos estado divagando, pensando en que nos gustaría estar en cualquier otra parte o en la larga lista de cosas que tenemos que hacer.

Como resultado: no hemos estudiado. Y, para mayor frustración, tampoco hemos descansado. En ninguna de las dos situaciones.

La culpa, ese sentimiento de malestar, surge cuando estamos haciendo algo a destiempo. En ocasiones puede impulsarnos a estudiar, pero en la mayoría de los casos bloquea el estudio, infectando nuestra mente con pensamientos negativos (“Debería haber llevado el estudio al día, ahora es imposible…”), y también nuestro descanso con pensamientos (“Esta semana he estudiado muy poco, no debería estar descansando hoy…”) y conductasnegativas, por ejemplo, saltarnos los días u horas libres que tenemos para descansar para “compensar” esas horas de estudio vacío. De esta forma, sin estudiar ni descansar, nuestro estado de ánimo empeora y nos metemos en un círculo vicioso importante porque si estamos tristes, ¿cómo vamos a concentrarnos para estudiar?

Si hemos estudiado muy poco hoy, porque no nos dábamos concentrado, de nada sirve castigarnos con más horas de estudio improductivo. Sin embargo, salir un rato al cine con nuestros amigos, como teníamos planeado, puede ser positivo para coger el estudio al día siguiente con más fuerza. No significa que no haya que “sacrificarse” y no renunciar a ningún plan, sino que depende del momento en el que nos encontremos (época de exámenes o no), de nuestro estado de ánimo, de cuántotiempo llevo sin descansar, etc.

La clave está en marcar tiempos en un horario y dedicarse en cuerpo y alma a lo que estamos haciendo en ese momento. Si nos toca estudiar, trataremos de centrar nuestra atención en ello el máximo tiempo posible, y si nos toca descansar, descansaremos de verdad. No importa si hoy ha sido un buen o mal día de estudio. De nada sirve el sentimiento de culpa más que para impedir que desconectemos y cojamos fuerza.

Nuestra actividad debe ser de calidad, sin medias tintas. Saber que el cansancio, la distracción, la presión, estarán ahí, pero que no todos los días serán “un día malo” y que, una vez sumergidos en la rutina del estudio, el trabajo parece costar menos porque se vuelve más automático.

Imagínate que empiezas a entrenar en el gimnasio. Al principio, cuesta muchísimo, tanto el esfuerzo físico en sícomo mantener la rutina de ir hasta el local. Muchas veces te vas a sentir tentado de evitarlo, de sustituirlo por otro plan y, finalmente, de dejarlo. Sin embargo, si te mantienes firme respetando tus días de entrenamiento, te darás cuenta de que lo has convertido en un hábito. De que incluso hay ocasiones en que pasas varias horas sin sentir la sensación subjetiva de esfuerzo. Puede que hasta lo disfrutes, sobre todo al ver los resultados. Pero lo que sí es seguro es que ningún otro día vuelve a ser tan duro como aquel primer día.

Para vencer la resistencia inicial puede resultar muy útil planificar una tarea muy corta o sencilla: por ejemplo, empezar leyendo y subrayando los folios aproximadamente durante 15 minutos. Es importante no hacer más de lo propuesto. Considera esta tarea como un calentamiento inicial antes de empezar el estudio. Una vez que hayas finalizado este ejercicio, comienza con otro un poco más largo (por ejemplo, hacer un esquema de lo leído) y así progresivamente, siguiendo la programación que tenías establecida. Así, aumentamos la sensación de productividad y de satisfacción, sentiremos que nuestro descanso es más merecido y, de este modo, habrá menos espacio para la culpa.

Por último, fomenta lo que te inspira y te anima a estudiar: lugares, personas, actividades… ¿Estudias mejor en la biblioteca con amigos o sólo en casa? ¿Te anima bajar a la cafetería en los descansos? ¿Te motiva hacer deporte luego del estudio?

Porque tan importante es saber descansar como saber estudiar.

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